Cervantes estuvo en Valencia durante mes y medio bajo la protección y ayuda de los comerciantes valencianos Onofre de Exarch, los hermanos Baltasar, Hernando de Torres y Juan Fortuny la familia de Cervantes pudo reunir cierta cantidad de mercancías, venderlas y, a su vez, conseguir cobrar una antigua deuda. Este dinero fue usado para pagar lo que costó su rescate.
Mientras estaba en Valencia Cervantes pasó por la librería de Juan de Timoneda en la plaza del Alls, cercana a la plaza de la Merced, y donde estaba situado el convento de la Orden. Timoneda, además de tener la librería, era editor, poeta y coleccionista de libros. Cuentan los cronistas que allí conoció Cervantes obras de autores como Andrés Rey de Artienda, Cristóbal de Virués, Gaspar Aguilar, Francisco Tárrega, Gaspar Gil Polo y Guillem de Castro, con el que mantuvo una relación cordial de amistad. Guillem de Castro sería el que llevaría al teatro obras de Cervantes como «El curioso impertinente» y «Don Quijote de la Mancha».